Alan Freed y el Rock and Roll


En los primeros años 50, algo le sucedía a la música americana. Nadie estaba muy seguro de lo que era, pero desde luego las evidencias aumentaban. Por un lado, la guerra había marcado un abismo notable en puntos esenciales como el concepto o la estética. Por otro lado, esa misma guerra, a fin de cuentas, había servido para conseguir lo que nadie pudo imaginar antes: que blancos y negros se sintieran hermanos, combatiendo codo con codo contra el enemigo en las playas de Iwo o las faldas de Monte Casino. [...]

En lo referente al encuentro de blancos y negros, el resultado fue que por primera vez los blancos contactaron de verdad con la música negra, el rhythm & blues preferentemente , y que los negros contactaran igualmente con las formas musicales blancas, más ligeras de fondo y forma. Con la paz y la vuelta a casa, la segunda mitad de la década de los 40 desencadenó la semilla del cambio.

Fue un vendedor de discos llamado Leo Mintz el que habló a Alan Freed del auge de la música negra, y lo mucho que se vendían los discos de rhythm & blues , entonces llamados race music despreciativamente. Alan comenzó a radiar esas canciones en sus programas de radio, y en un abrir y cerrar de ojos la convulsión fue tremenda. Llamadas preguntando quién cantaba tal canción, interés por localizar un determinado disco... La nueva juventud de la posguerra, que no tenía posibilidad de conectar ni contactar con aquel nuevo sonido, descubrió su existencia y Freed acabó siendo padrino de aquel bautizo, el faro que atraía a los buenos musicómanos a través de la noche de la vulgaridad.

Pero radiar race music tenía un peligro. Los abismos blanco-negro persistían, y por encima de todo, las canciones de los negros eran desmedidamente provocativas, llenas de connotaciones sexuales y de crudeza. Así que Freed pensó ante todo en buscarle un nombre a lo que estaba haciendo.[...]

Dos de las palabras más usuales en tres de cada cinco canciones era Rock y Roll.

Y creó el Moondog´s rock and roll party.

A Freed le bastaron unas pocas semanas para convertir su programa de radio en la sensación del momento. Comprendiendo que acaba de crear un fenómeno social, no se contentó con mantenerlo en antena: lo sacó a la calle. [...]

En 1959 componía canciones para infinidad de conjuntos, hacía películas, continuaba con su programa de radio... En una palabra: Alan Freed era el rock and roll.

Y cuando el "status" quiso acabar con el rock and roll ¿Qué mejor que acabar con Alan Freed?[...]

La sentencia declarando culpable de varios cargos a Alan Freed no fue dictada hasta 1962. Para entonces, el rock and roll ya no existía, y en su lugar flotaban los dulces trinos de una cohorte de guapos muchachos prefabricados por Hollywood, que además de cantar actuaban en películas de colores donde sus blancas pieles y sus rubios cabellos destacaban sobre mares azules y casas de good familys. Si antes de este tiempo, los blancos ya habían vivido de versionar las canciones de los negros, cambiando sus desmadradas letras por otras mucho más suaves, ahora el fenómeno permanecía institucionalizado, con el agravante de que los pioneros, estaban retirados o en la cárcel.

La sentencia contra Alan Freed fue ratificada en 1964, es decir, dos años después de ella. En ese momento ya importaba poco, porque cuatro chicos de Liverpool llamados Beatles acababan de arrasar en Estados Unidos colocando ocho canciones entre las diez primeras del ranking de éxitos. El rock and roll (y los Beatles se encargaron de revitalizarlo, y reivindicar a malditos como Chuck Berry y otros) demostraba que ya era algo tan consustancial a su tiempo como la piel lo es al ser humano.

Sierra y Fabra, J. (1987). Cadáveres bien parecidos. Barcelona. Ediciones Ultramar.

(p.21-27)

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